A falta de pan, buenas son tortas. Este refrán nos viene que ni pintado para explicar lo que está sucediendo en estos momentos en la enseñanza en España. Cada vez más profesores se quedan en el paro, bien por reducciones de plantilla, bien por problemas en el funcionariado. Y, aparte de salir en masa a las calles para manifestarse, también se agarran a lo único que les queda con tal de no perder su condición de maestros: clases particulares.
La crisis ha hecho estragos pero la economía sumergida es la reina de las economías en España. 10 euros por una clase; otros 10 por hacer de canguro... el caso es ganarse el pan de cada día.
Eso sí, las rebajas y el regateo han situado lo que antes era un trabajo muy exclusivo en uno mucho más corriente.
Si antes las clases particulares de Matemáticas a un alumno de bachillerato eran recompensadas con 20 euros, ahora no llega ni a los 10. Los niños necesitan aprobar pero también comer, y los padres regatean hasta el último céntimo, sin pararse a pensar si no sería mejor, en este caso, prescindir de las sesiones. Pues ¿es esto una educación de calidad? Seguramente, el profesor que antes cobraba 20 y ahora cobra 8 no se esfuerce ni la mitad es hacer su trabajo. Así son las cosas, y con incentivos se saca un país adelante.
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